“Relatos de Poder” – Carlos Castaneda

           “Don Juan me tomó del brazo y en son de juego me llevó donde se hallaba Don Genaro. Éste se puso de pie y se me acercó. Su cuerpo radiaba un calor visible, un resplandor que me deslumbraba. Vino a mi lado y, sin tocarme, puso la boca cerca de mi oído izquierdo y empezó a susurrar. Don Juan hizo lo mismo en el otro oído. Sus voces se sincronizaban. Ambos repetían las mismas frases. Me decían que no tuviera miedo, y que poseía fibras largas y poderosas, las cuales no eran para protegerme, porque no había nada que proteger ni de lo que protegerse sino para guiar mi percepción de Nagual en forma semejante a la manera en que mis ojos guiaban mi percepción normal de Tonal. Decía que las fibras estaban en todo mi derredor, que a través de ellas yo podía percibir todas las cosas al mismo tiempo, y que una sola fibra bastaba para saltar de la roca a la cañada, o del fondo de la cañada a la roca.”

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           Se rascó la cabeza echando el sombrero hacia adelante, sobre su rostro.
           -Esto, naturalmente, es sólo una manera de decir -continuó-. Una manera de explicar sensaciones físicas extrañas.
           Me ordenó dejar de escribir y mirarlo. Dijo que iba a “agarrar” gentilmente mi Tonal con su “voluntad”. La sensación que experimenté fue una repetición de la que tuve aquel primer día que nos vimos y en otras ocasiones en que don Juan me había hecho sentir que sus ojos me tocaban físicamente.
           -¿Pero cómo me hace usted sentir que me está tocando, don Juan? ¿Qué hace usted concretamente? -pregunté.
           -No hay modo de descubrir con exactitud lo que uno hace -dijo. Algo sale de algún sitio abajo del estómago; ese algo posee dirección y puede enfocarse en cualquier cosa.

********************

           Dije a don Juan que, por algún motivo extraño, me habían simpatizado en extremo.
           -No es tan extraño -dijo él. Has de haber sentido que tienen un buen Tonal. Un Tonal bueno, sí, pero no para nuestro tiempo.
           “Probablemente sentiste que eran como niños. Lo son. Y eso es muy duro. Yo los entiendo mejor que tú; por eso no pude menos que sentir un poquitín de tristeza. Los indios son como perros; no tienen vida. Pero esa es la naturaleza de su fortuna, y no debería entristecerme. Mi tristeza, desde luego, es mi propia manera de entregarme a mi vicio.”

“Relatos de Poder”
CARLOS CASTANEDA
Fondo de Cultura Económica

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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