Los Gazales de Hafiz

LA AMISTAD

Ofrezcamos con nuestros elogios el incienso de la amistad al hombre cuyos ojos resplandecen.
Que la claridad de un corazón puro brille como la antorcha que ilumina la celda de un devoto del amor.
Ya no veo a mi lado a quien fue mi compañero. Mi corazón está lacerado de tristeza. Mas ¿dónde está el escanciador?
¿Dónde se vende el vino que podría vencer al hipócrita? Mi corazón está lleno de angustia y de amarguras.
Mis compañeros han de tal modo roto el pacto de la amistad que duro de su existencia.
Si mi corazón destrozado pudiera un día alcanzar sus deseos no buscaría un bálsamo en todos esos corazones de piedra.
¿Quieres poseer la alquimia de la felicidad? Vive apartado de los malos compañeros.
Hafiz: que no te aflija la crueldad de los tiempos. ¿Qué sabes tú, esclavo, de lo que hace tu amo?

LA ESPINA Y LA ROSA

Para la fiesta de la rosa nos embriaga con su aliento el céfiro. ¿Dónde está, pues, el dulce ruiseñor? Pedidle que nos cante una canción.
Corazón mío no te quejes de la separación. En este mundo existen, uno al lado del otro, como rosa y espina, el placer y el dolor.
La pena me ha curvado como a un arco, y no obstante, no pienso renunciar a las dulces pestañas que me hieren con el ardor de sus ardientes flechas.
A nadie diré nada de la separación: el corazón de los que no aman no guardarían el secreto.
El perfume de tus bucles traiciona la angustia de mi corazón. No es extraño que el almizcle sea un decidor de cuentos.
Millares de miradas, contemplan tu rostro, y tú no miras a ninguno.
¡Oh, corazón, bendice la llama que te quema, respira siempre amor y carga tu pena!
Con tu frente en el polvo, Hafiz, di tus plegarias.

EL ANGEL DE CHIRAZ

Si ese ángel de Chiraz tomara mi corazón en su mano, daría yo, por esa dicha, a Samarcanda y Bokhara.
Sakí: tráeme ese vino que tienes en reserva, pues en el Paraíso no verás la ribera de Roknabad ni los rosedales de nuestro Mosela.
¡Ay de mí! Esas caprichosas, esas hermosas que perturban nuestra ciudad, llévanse la paciencia de mi corazón como los turcomanos su botín.
Sin embargo, la belleza de la bienamada no necesita de nuestro amor imperfecto. En un rostro encantador, ¿para qué afeites, polvos ni pinturas?
Dime el cuento del músico y del vino. Deja ya de sondar los secretos del tiempo, pues ninguna sabiduría develará el misterio de la vida.
Hablaste mal de mí y soy dichoso. Dios te perdone. Una palabra amarga es bienvenida si es pronunciada por tan dulces labios.
Hafiz: has hecho un gazal en que dices tu pena y tu alegría. Enhebraste un collar de perlas. Ven a cantar tus versos dulcemente y que sobre tu canto se difunda la gloria de las Pléyades.

prometeo

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Acerca de THOTH

Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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