“Cuentos del Vampiro”

Cuando el vampiro encaramado en el hombro del rey Trivikramasena hubo dado fin a este maravilloso relato, le preguntó: “Señor, ¿cuál de esos dos hombres, el jefe del ejército y el rey, fue superior al otro en virtud? Responded, porque el pacto que tenemos continúa siendo válido”.

El rey, al oír estas palabras, rompió el silencio y dijo: “El rey fue superior en virtud”.

“¿Cómo señor?”, replicó el vampiro con tono de censura. “¿Decís que el jefe del ejército no fue el mejor de los dos? En su devoción a su amo hasta llegó a ofrecerle a su bella esposa, por más que hacía tiempo que gustaba con ella las alegrías de la voluptuosidad. Además, cuando el rey murió, el jefe del ejército se quemó en la pira fúnebre. Si el rey rechazó a aquella mujer, ¿no sería porque nunca había gustado los goces que ella era capaz de prodigar?”

El rey Trivikramasena dijo entonces sonriéndose: “Eso es cierto. Pero, ¿qué tiene de sorprendente el hecho de que un hijo de noble familia, un comandante del ejército, haya obrado así por devoción a su amo? Los servidores del príncipe tienen el deber de salvarlo aun con peligro de su propia vida. Pero los reyes, henchidos por la embriaguez del poder, cual elefantes que hubieran roto sus ataduras, rompen la cadena de la ley moral y se entregan a los placeres. Sus instintos se desbordan; y al tiempo que mana el agua de la consagración real, el discernimiento de los reyes se disipa por entero como llevado por la marea. Las colas de yak que flotan agitadas por las brisas y ahuyentan a moscas y mosquitos, dispersan al propio tiempo el polvillo del saber didáctico que los reyes recibieron de los antiguos. La sombrilla real, al servirles de pantalla contra los rayos de sol, les oculta también la verdad. La visión de los reyes está ofuscada por el torbellino del poder y ya no ven nada claro. Ocurre así que los reyes que conquistaron el mundo, como Nahusa, tuvieron el espíritu extraviado a causa del amor y cayeron en la adversidad. Pero este rey, aunque haya sido el único de esta tierra que sostuvo con dignidad la sombrilla, no sucumbió a la fascinación de aquella Unmadini, inconstante como la Fortuna. El rey abandonó la vida como hombre virtuoso y en ningún momento se apartó del recto camino. Por eso estimo que ese hombre sabio fue el más grande de los dos”.

Cuando el vampiro hubo oído esta respuesta, abandonó al instante el hombro del rey y gracias a sus poderes mágicos tornó a su refugio. El rey se lanzó inmediatamente en su seguimiento para atraparlo.
¿Acaso los grandes hombres se detienen en medio de una empresa, por difícil que ésta sea de llevar a feliz término?

“Cuentos del Vampiro” – Anónimo
Paidos Orientalia

cuentos vampiro

http://books.google.es/books/about/Cuentos_Del_Vampiro.html?id=l-i1AAAACAAJ&redir_esc=y

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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