“Y no le gustaba Jodorowsky; lo vio sin despeinarse !!”

CON LOS OJOS DESLUMBRADOS DE CURIOSIDAD

Mi destino, como un pensamiento, seguiré.
Baudelaire

A Álvarez.

No te obstines en palabras rebuscadas
o títulos en otros idiomas.
No me importa. Te sigo leyendo.
No tengo miedo de tus versos en espiral
ni tu pluma a veces críptica.
Te sigo leyendo.
Las citas enriquecen el texto y me nutren aún más.
Tú cita, cita, cita. Asesta versos.
Te sigo leyendo.
Estoy en el punto exacto contrario de tirar la toalla.
Con los ojos abiertos de par en par.

Noelia Illán Conesa, ” Calamidad y desperfectos”, 2012

*****

LA  CASA

Esta casa no es la que era.
En esta casa había antes
lagartijas, jarras, erizos,
pintores, nubes, madreselvas,
olas plegadas, amapolas,
humo de hogueras…

Esta casa
no es la que era. Fue una caja
de guitarra. Nunca se habló
de fibromas, de porvenires,
de pasados, de lejanías.
Nunca pulsó nadie el bordón
del grave acento: “nos queremos,
te quiero, me quieres, nos quieren…”
No podíamos ser solemnes,
pues qué hubieran pensado entonces
el gato, con su traje verde,
el galápago, el ratón blanco,
el girasol acromegálico…

Esta casa no es la que era.
Ha empezado a andar, paso a paso.
Va abandonándonos sin prisa.
Si hubiera ardido en pompa, todos,
correríamos a salvarnos.
Pero así, nos da tiempo a todo:
a recoger cosas que ahora
advertimos que no existían;
a decirnos adiós, corteses;
a recorrer, indiferentes,
los papeles que tosen, donde
proyectó su sombra la adelfa,
sombra y ceniza de los días.

Esta casa estuvo primero
varada en una playa. Luego,
puso proa a azules más hondos.
Cantaba la tripulación.
Nada podían contra ella
las horas y los vendavales.
Pero ahora se disuelve, como
un terrón de azúcar en agua.
Qué pensará el gato feudal
al saber que no tiene alma;
y los ajos, qué pensarán
el domingo los ajos, qué
pensarán el barril de orujo,
el tomillo, el cantueso, cuando
se miren al espejo y vean
su cara cubierta de arrugas.
Qué pensarán cuando se sepan
olvidados de quienes fueron
la prueba de su juventud,
el signo de su eternidad,
el pararrayos de la muerte.

Esta casa no es la que era.
Compasivamente, en la noche,
sigue acunándonos.

De “Agenda” (1991)  José Hierro
“Antología Personal”, visor 2002

*****

I. HIONG  HOEN
Esplendidez varonil

Al exterior esconde su importancia suprema; pero en el interior se llena de la substancia de lo verdadero.
Avanza como si fuera siguiendo a su propia sombra; resbala entre los dedos ávidos, ofreciendo el aspecto de un pez muerto. Sin finalidad, todos los caminos son su camino. Volviendo a lo simple penetra en lo abstracto y su fuerza viva puede cortar en seco el espacio inmenso.
Hace caer los muros, se evade de las formas, fluye hacia todas las direcciones, traspasa la perisferia del mundo, quedándose siempre en el centro de la esfera.
Parece de piedra, pero cuando quieren tocarlo sólo encuentran una corriente de aire.
De más en menos se ha hecho invisible, ya ya que ha venido, aquí está lo ilimitado.

Alejandro  Jodorowsky – “No basta con decir”, visor,2003

*****

la última generación

era mucho más fácil ser un genio en los años veinte, había sólo 3 ó 4 revistas literarias y si salías en alguna de ellas 4 ó 5 veces podías acabar en la tertulia de Gertie,
era posible que llegaras a tomarte un vino con Picasso, o tal vez sólo con Miró.

y sí, cuando enviabas tu material con matasellos de París las posibilidades de publicar eran mucho mayores.
casi todos los escritores remataban sus manuscritos con la palabra “París” y la fecha.

y con un mecenas había tiempo para
escribir, comer, beber y hacer excursiones en coche a Italia y a veces
a Grecia.
daba gusto que te hicieran fotos con los tuyos.
daba gusto salir aseado, enigmático y delgado.
las fotos en la playa eran estupendas.

y sí, podías escribir cartas a los otros
15 ó 20
echando pestes de esto y aquello.

podías recibir una carta de Ezra o de Hem; a Ezra le gustaba dar instrucciones y a Hem le gustaba practicar su estilo
en las cartas cuando no podía hacer lo otro.

era un gran juego romántico el de aquel entonces, lleno de la furia del
descubrimiento.

ahora

ahora somos tantos, hay cientos de revistas literarias,
cientos de editoriales, miles de títulos.

¿quién puede sobrevivir en semejante estercolero?
es casi impertinente preguntar.

yo echo la vista atrás, leo libros sobre las vidas de los chicos y chicas de los veinte.
si ellos eran la Generación Perdida, ¿cómo nos llamarán a nosotros
que estamos aquí entre cabezas nucleares con nuestras máquinas de
escribir eléctricas?
¿la Última Generación?

prefiero ser de los Perdidos que de los Últimos y leyendo libros sobre
ellos
percibo delicadeza y generosidad

cuando leo lo del suicidio de Harry Crosby en una habitación de hotel
con su puta
se me hace tan real como el grifo que gotea ahora mismo
en el lavabo del baño.

me gusta leer sobre ellos: Joyce ciego y merodeando como una tarántula, decían.
Dos Passos con sus recortes de periódico y usando cinta rosa en la
máquina de escribir.
D.H. salido y cabreado, H.D. muy lista firmando con sus iniciales que eran mucho más literarias que Hilda Doolittle.
G.B. Shaw, de añeja reputación, tan noble y
bobo como la realeza, cuerpo y alma convertidos en mármol. un
pelmazo.

Huxley paseando su cerebro con gran regocijo, argumentando frente a Lawrence que no estaba en la panza ni en las pelotas, que la gloria estaba en el cráneo.

y ese paleto de Sinclair Lewis saliendo a relucir.

entretanto
acabada la revolución, los rusos eran liberados y
se morían.
Gorki sin nada por lo que luchar, metido en un cuarto intentando
encontrar frases de elogio al gobierno.
muchos otros rotos en al victoria.

ahora

ahora somos tantos
pero tendríamos que dar gracias, pues en cien años
si el mundo no ha sido destruido, pensad en cuánto
quedará de todo esto:
nadie habrá capaz de fracasar o triunfar de verdad -sólo un mérito relativo, menguado además por
nuestra superioridad numérica.
nos van a catalogar y archivar a todos.
muy bien…

por si os quedan dudas acerca de esta época
dorada
había otras criaturas curiosas: Richard
Aldington, Teddy Dreiser, F. Scott, Hart Crane, Wyndham Lewis, la
editorial Black Sun.

pero a mí, los veinte eran sobre todo Hemingway
saliendo de la guerra y empezando a teclear.

era todo tan sencillo, todo tan deliciosamente claro

ahora

somos demasiados.

Ernie, no tenías ni idea de lo bien que estuvo
cuando cuatro décadas después te volaste los sesos encima
del zumo de naranja
aunque
te lo reconozco
ésa no fue tu mejor obra.

Charles  Bukowski, “Los placeres del condenado”, visor, 2011

tinta y mantel

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Acerca de THOTH

Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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