-si no te gusta el béisbol ¿qué coño haces con el tiempo libre? -me preguntó.

PALIQUE

me levanté del taburete para ir
al servicio.
me encontré con que no había urinario en
el servicio de caballeros
sólo un retrete sin
tapa
y en el retrete había
unos zurullos del carajo.
apreté la palanca
con el pie pero
estaba rota.
oriné mirando a otra
parte,
me abroché la bragueta y
fui al lavabo: no había
jabón en el dosificador.
abrí el
grifo
y sólo salió un
reguerillo de
líquido frío y herrumbroso.
no había toallitas
de papel
y faltaba un buen pedazo
de cristal
en la esquina
del espejo.

salí del servicio,
regresé al taburete y
tomé asiento.

-¿crees que Valenzuela
va a fichar por los
Dodgers? -me preguntó
el camarero.

-me trae sin cuidado -le
dije-, no me gusta
el béisbol.

-¿no te gusta el béisbol? -me
preguntó-. ¿eres maricón
o qué?

-no, que yo sepa -le
dije-. ponme otra
cerveza.

cuando se agachó sobre la nevera
tuve el privilegio de verle
las nalgas, enormes y asquerosas.
cerca de la entrepierna de
los pantalones blancos tenía un manchurrón
amarillo.

se acercó con la botella
le quitó la chapa y
me la dejó delante
con un buen golpe.

-si no te gusta el béisbol
¿qué coño haces
con el tiempo libre? -me
preguntó.

-follar -respondí.

-vaya soñador… -contestó
al tiempo que cogía la calderilla y
se iba hacia la
caja registradora.

-esto también -dije.

me parece que no
me oyó.

CHARLES  BUKOWSKI –
“Escrutaba la locura en busca de la palabra,
el verso, la ruta” – Visor Poesía, 2005

*****

Corazones  grandes

Azules que manchan,
Nombres borrosos,
Solos de viento,
Anida la ronda,
Almendros secos,
Planetas de silencio,
Vueltas a amarte,
Amantes del fuego,
Corazones grandes,
Velas de sal y aire.
Ilógicas celdas,
Llenas de sueños,
Hijos del trono,
Saltos de cama,
En el interior del alma.

Veo en el suelo,
Espejos negros,
En tu voz blues.

KIRUK

*****

CAÍN.   No lo era.
ABEL.   ¿Por qué tratarle entonces? Quizá sea enemigo del Altísimo.
CAÍN.    Amigo del hombre. ¿Así lo fue el Altísimo, como tú le llamas?
ABEL.    ¡Le llamo!  Tus palabras hoy son muy extrañas, hermano.
Hermana, déjanos por un tiempo. Pensamos sacrificar.
ADAH.   Adiós, mi Caín, pero antes
abrazo a nuestro hijo. ¡Pueda su tierno espíritu
y Abel con su piadoso ministerio, volverte
a llamar a la paz y a la santidad! (Se va ADAH con el niño.)
ABEL.     ¿Dónde has estado?
CAÍN.     No sé.
ABEL.     ¿Ni sabes lo que has visto?
CAÍN.     Los muertos, los misterios del espacio inmortales,
omnipotentes, fuertes, dominantes, los mundos
sin número que fueron y son: un torbellino
de cosas en sus esferas estentóreas en trueno
en torno a mí, que vuelvo incapaz para tratos
con los mortales; déjame, Abel.

BYRON, Poetas románticos ingleses – Planeta, 1989

*****

64

ELISA nació hermosa y creció lasciva. Pura e impura. cada paso acompasado. cada movimiento de sus curvas o cada suerte de su mirada. hacía caer de bruces a cualquie hombre que cerca anduviera. Su madre. sabedora de la concupiscencia de su hija, llenaba sus noche con té amargo y lágrimas de desesperanza. pues ella. tan diferente en todo a su niña, jamás sabría cómo educarla para los hombres.

Acaso esas humeantes lágrimas sirvieron para algo: Elisa amó y vivió feliz e independiente durante todo el tiempo que le duró la belleza: que no fue sino hasta el mismo día de su muerte.

Pepe Coloma Maestre – “@PoesíaSin Ti”, 2014

*****

En el castillo de Luna

En el castillo de Luna
Tenéis al anciano preso
.  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .
Cansadas ya las paredes
de guardar tan largo tiempo
a quien recibieron mozo
y ya le ven cano y ciego.

Romancero de BERNARDO
DEL CARPIO

Me digo que yo tenía
sólo diez años entonces,
que tú eras un hombre joven
y empezabas a vivir.
Y pienso en todo este tiempo,
que ha sido mi vida entera,
y en el poco que te queda
para intentar ser feliz.

Hoy te miran cano y viejo,
ya con la muerte en el alma,
las paredes de la casa
donde esperó tu mujer
tantas noches, tantos años,
y vuelves hecho un destrozo,
llenos de sombra los ojos
que casi no pueden ver.

En abril del treinta y nueve,
cuando entraste, primavera
embellecida la escena
de nuestra guerra civil.
Y era azul el cielo, claras
las aguas, y se pudrían
en las zanjas removidas
los muertos de mil en mil.

Ésta es la misma hermosura
que entonces abandonabas:
bajo las frescas acacias
desfila la juventud,
a cuerpo -chicos y chicas-
con los libros bajo el brazo.
Qué patético fracaso
la belleza y la salud.

Y los años en la cárcel,
como un tajo dividiendo
aquellos y estos momentos
de buen sol primaveral,
son un boquete en el alma
que no puedes tapar nunca,
una mina de amarguray espantosa irrealidad.

Siete mil trescientos días
uno por uno vividos
con sus noches, confundidos
un una sola visión,
donde se juntan el hambre
y el mar olor de las mantas
y el frío en las madrugadas
y el frío en el corazón.

Ahora vuelve a la vida
y a ser libre, si es que puedes;
aunque es tarde y no te queden
esperanzas por cumplir,
siempre se obstina en ser dulce,
en merecer ser vivida
de alguna manera mínima
la vida en nuestro país.

Serás uno más, perdido,
viviendo de algún trabajo
deprimente y mal pagado,
soñando en algo mejor
que no llega. Quizá entonces
comprendas que no estás solo,
que nuestra España de todos
se parece a una prisión.

Jaime Gil de Biedma – “Antología Poética” – Alianza, 2012

*****

Charles Bukowski

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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