Paul Verlaine

GROTESCOS

Sus piernas por toda montura,
por todo bien el oro de sus miradas,
por el camino de las aventuras
marchan harapientos y huraños.

El prudente, indignado, les arenga;
el tonto compadece a esos locos aventurados;
los niños les sacan la lengua
y las chicas se burlan de ellos.

Son más que odiosos y ridículos,
y maléficos, en efecto,
y tienen el aire, en el crepúsculo,
de un mal sueño;

y con sus agrias guitarras,
crispando la mano de los liberados,
canturrean unos aires extraños,
nostálgicos y rebeldes.

Y es, en fin, que en sus pupilas
ríe y llora -fastidioso-
el amor de las cosas eternas,
¡viejos muertos y antiguos dioses!

Id, pues, vagabundos sin tregua,
errad, funestos y malditos,
a lo largo de los abismos y de las playas
bajo el ojo cerrado de los paraísos.

La naturaleza al hombre se alía
para castigar como es preciso
la orgullosa melancolía
que te hace marchar con la frente alta,

y, vengando en ti la blasfemia
de inmensas esperanzas vehementes,
hiere tu frente de anatema
al rudo golpe de los elementos.

Los junios abrasan y los diciembres
hielan tu carne hasta los huesos,
y la fiebre invade tus miembros
que se desgarran en los cañaverales.

¡Todo te rechaza y todo te aflige,
y cuando la muerte venga a por ti,
flaco y frío, tu cadáver
será desdeñado por los lobos!

*****

EN LOS BOSQUES

Otros -los inocentes o bien los linfáticos-,
no encuentran en los bosques más que encantos lánguidos,
soplos frescos y perfumes tibios. ¡Son felices!
Otros se sienten presos -soñadores- de místicos terrores.

¡Son felices! Para mí, inquieto, y a quien un remordimiento
espantoso y vago enloquece sin descanso,
por los bosques tiemblo cual un cobarde
que temiera una emboscada o que viera muertos.

Esas grandes ramas nunca en paz, como la ola,
de donde cae un silencio con una sombra aún
más negra, todo ese triste y siniestro decorado
me llena de un horror trivial y profundo.

Sobre todo las tardes de verano: el arrebol del ocaso
se funde en el gris-azul de las brumas que él tiñe
de incendio y de sangre, y el ángelus que tañe
en lejanía semeja un grito quejumbroso que se acercara.

El viento se alza caliente y pesado; un estremecimiento pasa
y vuelve a pasar, cada vez más fuerte, por la espesura
cada vez más sombría de los altos robles, obsesionante,y se derrama, lo mismo que una miasma, en el espacio.

Viene la noche. El búho vuela. Es el momento
en el que se piensa en los cuentos de los abuelos ingenuos…
Bajo una espesura, allá lejos, unas fuentes vivas
hacen un ruido de asesinos apostados, concertándose.

Paul Verlaine

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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