Edgar Alan Poe – “Poesía Completa” – Hiperión 2014

POEMAS ATRIBUIDOS A POE

O TEMPORA ! O MORES !

¡Oh, tiempos! ¡oh, costumbres! Opino yo
que estáis cambiando por desgracia vuestros dominios;
quiero decir que el reino de las maneras cesó hace mucho,
pues los hombres no tienen ninguna, o sólo malas;
y en cuanto a los tiempos, aunque hay muchos que dicen
que los “buenos viejos tiempos” fueron con mucho los peores de todos
-cuya sana doctrina yo acepto en cada ápice-,
sigo, con todo, creyendo a éstos un tanto peores que ellos.

He estado meditando -¿es así como se dice?;
me gustan vuestras palabras yanquis y vuestros modos yanquis-
he estado meditando si sería lo mejor
tomas las cosas en serio, o todo a broma;
si, con el adusto Heráclito de antaño,
llorar, como él hizo, hasta que escuezan los ojos,
o bien reír con aquel filósofo extraño,
Demócrito de Tracia, que solía pasar
la página de la vida y sonreír a los dobleces
como diciendo: “¡Vaya! ¿a quién diablos le importa?”

¡Es esta una cuestión que, oh cielos, apartó
de la zarpa de un miembro la infortunada duda!
En lugar de dos caras, Job tiene casi ocho,
y cada una daría pie a cuatro horas de debate.
¿Qué hacer? Yo lo pondré sobre la mesa
y abordé el asunto cuando sez más  capaz;
y entretanto, para evitar toda molestia,
ni reiré con uno ni lloraré con otro,
ni despacharé halagos ni asquerosos dicterios,
sino que, tomando a uno de cada mano, simplemente gruñiré.

¡Ah, amigo mío, gruñes! -dices tú- y, te lo ruego, ¿por qué?
Pues, señor, realmente casi se me ha olvidado,
pero, maldición, señor, considero una desgracia
que nos miren fijamente a la cara y cada día
se pavoneen por las calles haciendo zalemas unos seres
que quisieran ser hombres imitando a los simios.
Perdón, lector, te pido por este juramento
que me obligan a hacer los monos, aunque algo reacio;
tengo tendencia a ser prolijo en mi estilo,
mas, te lo ruego, sé paciente; un ratito más
me cambiará, y, como hacen los políticos,
corregiré mis modales y también mis medidas.

De todas las ciudades -y he visto no pocas,
pues he viajado, amigo, tanto como tú-
no recuerdo una sola, a fe mía,
antes bien las tomo generalmente en conjunto
(como dicen los miembros que les gusta que se tome su lógica,
pues, al estar divididos, puede suceder que tiembre),
tan oportuna, agradable y ampliamente apropiada
como ésta para un pulcro y vivaz hortera;
aquí tal vez se deleite para contento de su corazón,
se agite como un pez en su propio elemento,
sacuda los bellos rizos de su blanca frente
y salte sobre los mostradores con aires de Vestris,
concluya de noche lo que empezó de mañana
y, después de estafar a las damas, baile con ellas,
pues, en un baile, ¡qué hermosa puede escapar
a la linda manita que le vendió su trencilla,
o quién sería tan fría, tan insensible que rechazara
al joven que ha cortado la cinta para sus zapatos!

A uno de esos tipos, par excellence el petimetre,
-¡Dios me ayude!- ha sido mi destino conocer,
de vista al menos, pues soy un hombre tímido,
y me aguanto siempre la risa, si puedo;
pero habladle y os hará tales muecas,
¡Dios!, que estar serio supera las fuerzas del rostro.
Los corazones de todas las damas están con él,
los brillantes ojos de éstas, en su ala Tom y Jerry
y en su frac de cola de paloma, comprado al coste; y entretanto
esos ojos no se volverán a nada que se parezca a un hombre.

Su misma voz es musical deleite,
su forma, una vez contemplada, se convierte en parte de la vista:
en suma, el cuello de su camisa, su aspecto, su tono
es el “bello ideal” imaginado para Adonis.
Los filósofos han discutido con frecuencia
sobre la sede del pensamiento en hombre y bruto:
en cuanto a que la facultad del pensamiento asiste a éste,
mi amigo el petimetre lo ha hecho asunto decidido,
y, a pesar de todo dogma vigente en cualquier tiempo,
un hecho decidido es mejor que diez sabios.

Pues él piensa, aunque yo a veces dudo
si puedo decir exactamente en qué.
¡Ah, sí!, su piececito y su tobillo esbelto,
ahí es donde en él se halla el asiento de la razón;
un sabio filósofo sacudirá la cabeza,
él, desde luego, sacudirá el pie.
A mí, en venganza, habrá de sacudírseme ese pie
-otra prueba de pensamiento, no estoy equivocado-
porque ante sus ojos gatunos un cristal coloco
y le hago verse a sí mismo, ¡un auténtico borrico!
Creo que aceptará esta semejanza de sí mismo,
mas si no lo hace, debe hacerlo, estúpido elfo,
y, para que la sospecha no cause ataques al necio,
cierro el retrato con el nombre de PITIS.

Edgar Alan Poe

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Acerca de kalima001

Momento de afianzar, momento de realizar todo lo vivido, lo estudiado, lo sentido. El mejor momento de la vida, SER.
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