José Lezama Lima – “Poesía” – Cátedra, 2000

…del himeneo en la playa del joven escita acariciando su corcel.
El desmadejado escita nutrido por la sombra del plátano mordido por la cigarra,
y no por los cítisos de la llanura donde el Silencio escudó
el rostro somnoliento pintado de mujer.
Entre el bambú confidente y  la grulla suspendida
en el tercer círculo de la uña del escriba,
el instrumento desertor, el cuerpo abandonado por la materia,
sin su posible de potencia, en la arenisca donde lo homogéneo
se subdividió en la voz del desfilafero tocando a retirada.
El germen gime en las propias escalas de su tanatos y la piscina
donde el acto ensueña tornear el placer de las danzas apagadas,
para que el murmullo no pueda rendir las diferenciaciones corporales,
las momentáneas burlas a las máscaras del descenso plomado,
allí donde la sopa de plomo tapó el agujero del murmullo.
Pero a veces los danzados abrepuños de la rueca del carnero negro,
no persiguen la ceja transversal del balde con primigenia agua
lunar descendida a la tercia germinación, conjura del clásico idus.
Pero rehusar la semilla al húmedo de tierra cascada, cuando la ruptura
del pecado original rechaza la escenografía del naipe regalado,
o el árbol se ahorcó en el milenario correaje del corcel,
es rechazar la enemistad del otro cuerpo que deposita los huevos
debajo de la piedra con inscripciones arponadas por la cíclica estación.
Al helado silbo que en el ramaje se retoma,
responde la ceremoniosa sorpresa de las copas
acrecidas por el aliento hasta aumentar el origen sustitutivo.
La muerte confundida apuntala los bastos de su presuntuosa
y temblona monarquía, cuando no traspasamos hacia otro cuerpo,
que ofrece las escasas nuecas sediciones, los escandalosos
cortejos de los que marchan no de la ballena al despertar arbóreo,
sino amarrados a las aterradoras metamorfosis del jabato,
no rompen el círculo de la danza.
                        *****
                      UN APETITO
Un apetito que se queda
en el desmesuramiento de la boca.
Un apetito en el sueño,
del tamaño de todo el cuerpo.
Un apetito que espera la lluvia
y el paso de las hormigas.
La boca infinitamente abierta
y una minúscula medida,
siguiendo la marcha por el desierto
en el sorprendido caracol.
Dos dedos, como dos pinzas,
ponen el caracol sobre la corteza de un árbol.
Allí incrustamos el viejo marfil
de la pulpa de la piña.
                       

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José Lezama Lima

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Acerca de kalima001

Momento de afianzar, momento de realizar todo lo vivido, lo estudiado, lo sentido. El mejor momento de la vida, SER.
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