El café más rico del mundo

…Y hacemos un fundido en negro

Reencuentro lacrimógeno en USA
Día tras día los recuerdos desaparecen
Hay bebés que crecen de una manera extraña
Cambió, creció y todo el mundo lo supo
Piel de color café con leche, ¿de quién coño es este ricitos?

Papá dice:
“Oh, no quiero dudas
Ni lágrimas ni corazones rotos
No quiero arrepentimiento,  oh,  felicidades
Este es tu divorcio haitiano”

HAITIAN DIVORCE, THE ROYAL SCAM, 1976
Walter Becker & Donald Fagen (Steely Dann)

COMPASIÓN POR EL DIABLO

Por favor,  permite que me presente
Soy un hombre de riquezas y buen gusto
Hace muchos años que ando por aquí
La fe y el alma de muchos hombres he robado
Y allí estaba yo cuando Jesucristo
Tuvo su momento de duda y dolor
Asegurándome de que Pilatos
Se lavaba las manos y sellaba su destino

Encantado de conocerte
Espero que sepas mi nombre
Pero lo que te desconcierta
Es la naturaleza de mi juego

Andaba por San Petersburgo
Cuando vi que había llegado la hora de un cambio
Maté al zar y sus ministros
Anastasia gritó en vano
Conduje un tanque
Tenía la graduación de general
Cuando estalló la guerra relámpago
Y los cuerpos hedían

Encantado de conocerte
Espero que sepas mi nombre
Pero lo que te desconcierta
Es la naturaleza de mi juego

Observé con regocijo cómo vuestros reyes y reinas
Luchaban durante diez décadas por los dioses que crearon
Y grité: “¿Quién asesinó a los Kennedy?”
Cuando en realidad, fuimos tú y yo
Por favor, deja que me presente
Soy un hombre de riquezas y buen gusto
Y tendí trampas a los trovadores
Que cayeron antes de llegar a Bombay

Encantado de conocerte
Espero que sepas mi nombre
Pero lo que te desconcierta
Es la naturaleza de mi juego

Igual que cada poli es un criminal
Y todos los pecadores son santos
Las dos caras de la misma moneda, puedes llamarme Lucifer
Pues me iría bien calmarme un poco
Así que si me ves, muéstrate cierta cortesía
Un poco de compasión y buen gusto
Haz gala de tu bien aprendida educación
¡O haré que se pudra tu alma!

Encantado de conocerte
Espero que sepas mi nombre
Pero lo que te desconcierta
Es la naturaleza de mi juego

SYMPATHY FOR THE DEVIL, Beggars Banquet, 1968
Mick Jagger & Keith Richards (The Rolling Stones)

                *******************

                                               Señores,
                                   basta una nube
                                 para averiguar la
                                                   verdad
                                    Joaquín Pasos

A RAS DE SUEÑO

Sólo una temporada provisoria,
tatuaje de incontables tradiciones,
oscuro mausoleo donde empieza
a existir el futuro, a hacerse piedra.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Sin embargo, la infancia se empecina,
comienza a levantar sus inventarios,
a echar sus amplias redes para luego.
Es una isla limpia y sobre todo
fugaz, es un venero de primicias
que se van lentamente resecando.

Queda atrás como un rápido paisaje
del que persistirán sólo unas nubes,
un biombo, un juguete, tres racimos,
o apenas un olor, una ceniza.
Con luces, queda atrás, a la interperie,
yacente y aplazada para nunca,
sola con su aptitud irresistible
y un pudor incorpóreo, agazapado.
Para nunca aplazada, fabulosa
infancia entre sus redes extinguida.

Por algo queda atrás.  Esa entrañable
cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,
el azar hinca el diente en otra bruma,
somos los moribundos que nacemos
a la carne, a la sangre,  al entusiasmo,
nos burlamos del sol, de la penumbra,
manejamos la gloria como un lapiz
y en las vírgenes tapias dibujamos
el amor y su viejo colmo, el odio,
el grito que nos pone la vergüenza
en las manos mucho antes que en la boca.

El celaje se enciende. Somos niebla
bajo el cielo compacto, insolidario,
el asombro hace cuentas y no puede
mantenernos serenos, apacibles
somos el invasor protagonista
que hace trizas el tiempo, que hace ruido
pueril, que hace palabras, que hace pactos,
somos tan poderosos, tan eternos,
que cerramos el puño y el verano
comienza a sollozar entre los árboles.

Mejor dicho, creemos que solloza.
El verano es un vaho, por lo tanto
no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,
en sus tardes de atmósfera más tenue
es calor, es calor. Con eso basta.

De todos modos cambia a las muchachas,
las ilumina, las ondula, y luego
las respira y suspira como acordes,
las envuelve en amor, las hace carne,
les pinta brazos con venitas tenues
en colores y luz complementarios,
les abré escotes para que alguien vierta
cualquier mirada, ese poder habiente.

La vida, qué región esplendorosa.
¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?
A la horca con él. ¿Quién piensa en esa
imposible quietud cuando es la hora
para cada uno de morder su fruta,
de usar su espejo, de gritar su grito,
de escupir a los cielos, de ir subiendo
de dos en dos todas las escaleras.

La muerte no se apura, no se apura, sin embargo,
ni se aplaca. Tampoco se impacienta.
Hay tantas muertes como negociaciones.
La muerte que desgarra, la que expulsa,
la que embruja, la que arde, la que agota,
la que enluta el amor, la que excrementa,
la que siega, la que usa, la que ablanda,
la muerte de arenal, la de pantano,
la de abismo, la de agua, la de almohada.

Hay tantas muertes como teologías,
pero todas se juntan en la espera.
Esa que acecha es una muerte sola.
Escarnecida, rencorosa, hueca,
su insomnio enloquecido se desploma
sobre todos los sueños, su delirio
se parece bastante a la cordura.
Muerte esbelta y rompiente, qué increíble
sirena para el Mar de los Suicidas.

No canta, pero indica, marca,  alude,
exhibe sus voraces argumentos,
sus afiches turísticos, explica
por qué es tan atractivo tu desastre,
por qué tan confortable su vacío.

No canta, pero es como si cantara.
Su demagogia negra usa palomas,
telegramas y rezos y suspiros,
sonatas para piano,  arpas de herrumbre,
vitrinas del amor momificado,
relojes de lujuria que amontonan
segundos y segundos y otras prórrogas.

No canta, pero es como si cantara,
su espanto vendabal silba en la espiga,
su pregunta repica en el silencio,
su loco desparpajo exuda un réquiem
que es prado y es follaje y es almena.

Hay que volverse sordo y mudo y ciego,
sordo de amor, de amor enmudecido,
ciego de amor. Olfato,  gusto y tacto
quedan para alejar la muerte y para
hundirse en la mujer, en esa ola
que es tiempo y lengua y brazos y latido,
esa mujer descanso,  mujer césped,
que es llanto y rostro y siembra y apetito,
esa mujer cosecha, mujer signo,
que es paz y aliento y cábala y jadeo.

Hay que amar con horror para salvarse,
amanecer cuando los mansos dientes
muerden, para salvarse, o por lo menos
para creerse a salvo, que es bastante.
Hay que amar sentenciado y con urgencia,
para salvarse,  para guarecerse
de esa muerte que llueve hielo o fuego.

Es el cielo común,  el alba escándalo,
el goce atroz, el milagroso caos,
la piel abismo, la granada abierta,
la única unidad uniyugada,
la derrota de todas las cautelas.

Hay que amar con valor para salvarse.
Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos.
Hay que despilfarrar en una noche
-que puede ser mil y una- el universo,
sin augurios, sin planes, sin temblores,
sin convenios, sin votos, con olvido,
desnudos cuerpo y alma, disponibles
para ser otro y otra a ras de sueño.

Bendita noche cóncava,  delicia
de encontrar un abrazo a la deriva
y entrar en ese enigma, sin astucia,
y volver por el aire al aire libre.
Hay que amar con amor para salvarse.

Entonces vienen las contradicciones
o sea la razón. El mundo existe
con manchas, sin arar, y no hay conjuro
ni fe que lo desmienta o modifique.

El manantial se seca, el arbol cae,
la sangre fluye, el odio se hace muro,
¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino
y dios padrastro todopoderoso,
ese señor del vómito, ese artífice
de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?
Surtidor de napalm, profeta imbécil,
¿ése, mi prójimo?, ¿ese, el semejante?
Síndico en todo caso de la muerte,
argumento y proclama de la ruina,
poder y brazo ejecutor. Estiércol.

Por esta vez no he de mirar mis pasos
sino el contorno triste, calcinado.
Miro a mi sombra que está envejeciendo,
la sombra de los míos que envejecen.

El mundo existe. Con o sin sus manes,
con o sin su señal. Existe. Punto.

El mundo existe con mis ex iguales,
con mis amigos-enemigos, esos
que ya olvidé por qué se traicionaron.

Tiendo mi mano a veces y está sola
y está más sola cuando no la tiendo,
pienso en los compradores emboscados
y tengo duelo y tengo rabia y tengo
un reproche que empieza en mis lealtades,
en mis confianzas, sin mayor motivo,
en mi invención del prójimo-mi-aliado.
Ni aun ahora me resigno a creerlo.

No todos son así, no todos ceden.
Tendré que repetírmelo a escondidas
y barajar de nuevo el almanaque.

Mi corazón acobardado sigue
inventando valor, abriendo créditos,
tirando cabos sólo a la siniestra,
aprendiendo a aprender, pobre aleluya,
y quién sabe, quién sabe si entre tanta
mentira incandescente, no queda algo
de verdad a la sombra. Y no es metáfora.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Pero, ¿por qué creerle a pies juntillas?
¿En qué galaxia está el certificado?

Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?
Lo propongo debajo de mis párpados
y en mi boca cerrada.
¿Es tan distinto?
Ya sé, hay razones nítidas, famosas,
hay cien teorías sobre la derrota,
hay argumentos para suicidarse.

Pero ¿y si hay un resquicio?
¿Es tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe
como inmortal?

                        Mario Benedetti

               ***********************

                EL  POETA

La edad tienes ahora que él entonces,
Cuando en el tiempo de la siembra y la danza,
Hijos de anhelo moceril que se despierta,
Tu sueño,  tu esperanza, tu secreto,
Aquellos versos fueron a sus manos
Para mostrar y hallar signo de vida.

Mucho nos dicen, desde el pasado,  voces
Ilustres, ascendientes en la palabra nuestra,
Y las de lengua extraña, cuyo acento
Experiencia distinta nos revela. Mas las cosas,
El fuego, el mar, los árboles, los astros,
Nuevas siempre aparecen.

Nuevas y arcanas, hasta que al fin traslucen
Un día en la expresión de aquel poeta
Vivo de nuestra lengua, en el contemporáneo
Que infunde por nosotros,
Con su obra, la fe, la certidumbre
Maga de nuestro mundo visible e invisible.

Con reverencia y con amor así aprendiste,
Aunque en torno los hombres no curen de la imagen
Misteriosa y divina de las cosas
De él, a mirar quieto, como
Espejo, sin el cual la creación sería
Ciega, hasta hallar su mirada en el poeta.

Aquel tiempo pasó, o tú pasaste,
Agitando una estela temporal ilusoria,
Adonde estaba él, cuando tenía
La misma edad que hoy tienes:
Lo que su fe sabía y la tuya buscaba,
Ahora has encontrado.

Agradécelo pues, que una palabra
Amiga mucho vale
En nuestra soledad, en nuestro breve espacio
De vivos, y nadie sino tú puede decirle,
A aquel que te enseñara adónde y cómo crece:
Gracias por la rosa del mundo.

Para el poeta hallarla es lo bastante,
E inútil el renombre u olvido de su obra,
Cuando en ella un momento se unifican,
Tal uno son amante, amor y amado,
Los tres complementarios luego y antes dispersos:
El deseo, la rosa y la mirada.

                  Luis  Cernuda

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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