“Sueño que suavizas los cuerpos cansados por las duras ocupaciones” – Ovidio

El palacio del Sueño

Hay cerca del país de los Cimerios una cueva en un amplio lugar apartado, monte cóncavo, casa y estancia del perezoso Sueño, a donde nunca puede dirigirse con sus rayos Febo ni al nacer ni al mediodía ni en el ocaso; nieblas mezcladas con tinieblas y crepúsculos de luz dudosa salen del suelo. Allí el vigilante gallo no llama a la  Aurora con los cantos de su empenachado pico ni rompen los silencios con su voz los perros que están alerta ni el ganso de más aguda percepción que los canes, ni las fieras ni las bestias ni las ramas movidas por la brisa o los gritos de la lengua humana producen un sonido. El silencioso Descanso se aloja allí. Sin embargo, sale de la profunda roca el riachuelo de la Lete, y, al deslizarse por él, el agua con su murmullo llama al sueño a las bulliciosas piedrecitas. Ante las puertas del antro florecen fecundas adormideras y fecundas hierbas de cuyo jugo extrae la noche el sopor y empapada lo extiende a través de la tierra oscurecida; y la puerta no produce ruido al girar los goznes; no hay ninguna en toda la casa, ningún guardián en el umbral; hay en el centro un lecho elevado sobre negro ébano, con plumas, de un solo color, guarnecido de una oscura cubierta en donde el dios se acuesta con sus miembros relajados por la languidez. A su alrededor por doquier yacen tantos sueños vacuos imitando distintas formas cuantas espigas produce la mies, ramas el bosque y arenas diseminadas la playa. Tan pronto como penetro allí y aparto la doncella con sus manos a los sueños que le cerraban el paso, relució con el resplandor de sus vestido la sagrada morada y el dios, alzando con dificultad sus ojos  que estaban abatidos por la lenta pesadez, volviendo a desvanecerse una y otra vez y golpeando lo alto del pecho con su vacilante barbilla, finalmente se sacudió a sí mismo y, alzándose sobre el codo, pregunta (pues la conoció) a qué viene; ella por su parte responde: “Sueño, descanso de las cosas, el más plácido de los dioses, Sueño, paz de alma, de quien huye la preocupación, que suavizas los cuerpos cansados por las duras ocupaciones y das fuerza para el trabajo, ordena que los ensueños, que al imitarlas igualan las figuras verdaderas, se presenten a Alcíone en la hercúlea Traquis bajo la apariencia del rey y representen la escena del naufragio.

OVIDIO – “Metamorfosis”

 

 

 

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Acerca de kalima001

Momento de afianzar, momento de realizar todo lo vivido, lo estudiado, lo sentido. El mejor momento de la vida, SER.
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