“se remansan las olas en tu esculpida frente” – Pere Gimferrer

EL ARPA EN LA CUEVA

Ardía el bosque silenciosamente.
Las nubes del otoño proseguían
su cacería al fondo de los cielos.
Posesión. Ya no oís la voz del cuco.
Qué ojo de dragón, qué fuego esférico,
qué tela roja, tafetán de brujas,
vela mis ojos? Llovió, y en la hierba
queda una huella. Mas he aquí que arde
nítido y muy lejano el bosque en torno,
un edificio, una pavesa sola,
una lanza hasta el último horizonte,
cual tirada a cordel. Nubes. El viento
no murmura palabras al oído
ni repite otra historia que ésta: ved
el castillo y los muros de la noche
el zaguán, el reloj, péndulo insomne,
los cayados, las hachas, las segures,
ofertas a la sombra, todo cuanto
abandonan los muertos, el tapiz
dormido de hojas secas que pisamos
entrando a guarecernos. Pues llovía
-se quejaban las hojas- y el cristal
empañado mostró luego el incendio
como impostura. ¿Llegarán las lenguas
y la ira del fuego?, quemarán
desde la base el muerto maderamen,
abrirán campo raso donde hubo
cerco de aire y silencio? No es inútil
hablar ahora de piano, los visillos,
las jarras de melaza, el bodegón,
los soldados de plomo de serrín,
las llaves de la cómoda, tan grandes,
como en el tiempo antiguo…

*****

DICTAMEN

Hombre del Sudoeste otro viento en tu rostro
en tus manos la tierra que otro sol calcinara
tú que sabes de augurios y de chozas antiguas
cartabón del pasado delimitas las sombras
ramoneas el tiempo como un corzo lacustre
circunscribes las hojas del metal laminado
la jauría sofrenas alarife de cuévanos
se remansan las olas en tu esculpida frente
luces y sombras danzan más allá de tu sangre
espejan los sauces en tu voz enclaustrada
tus pupilas retienen la irisación del lago
hombre del Sudoeste que conoces las rutas
y dominas el vasto vitral de los océanos
y las tasas innúmeras del torvo buhonero
las estrellas que guarda en su arpillera el cómico
y la arrítmica noria de los circos nocturnos
el halo amarillento tras los grises visillos
la falange de cirios sobre el lívido encaje
la gargantilla cárdena el vegetal emblema
la silenciosa muerte del arlequín acuático
los guantes de ceniza que cubrirán mis dedos
los ojos que llamean al fondo del estanque
el cintarazo ardiente de la lepra en mi rostro
el jinete que irrumpe en la regia antecámara
las manos espasmódicas sobre la rosaleda
la arracimada furia de los agonizantes
los clarines fatídicos el cortejo que avanza
el cortejo que avanza hombre del Sudoeste
tú conoces su lengua su liturgia sus usos
valoras su moneda reconstruyes sus cantos
su mercancía adquieres has fletado sus naves
intercede por mí hombre del Sudoeste…

Per Gimferrer

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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