“Y las cabezas volaban de su sable como pájaros” – Victor Hugo

EL SULTÁN MOURAD, I

Mourad, hijo del sultán Bayaceto, fue famoso,
Incluso más que ninguno de los Tiberios de Roma;
Los leones, acostados, vigilaban en su harén,
Cuyas alfombras cubrió con multitudes de muertos;
Se veían blanquear los huesos entre las losas;
Un largo río de sangre corría bajo sus calzas,
Se extendía por la tierra, donde inundaba el Oriente,
Y humeaba entre las sombras del Occidente lejano;
Sólo con su cimitarra hizo tal carnicería,
Que a los hombres su caballo parecía una pantera;
Bajo él Esmirna y Túnez, que sus beyes afligieron,
Fueron como cadáveres que colgaban de una horca;
Fue sublime; y tomó, mezclando fuerza y astucia,
El Cáucaso a los Kirguis y el Líbano a los Drusos;
Después del asalto de Éfeso, mandó ahorcar a los jueces,
Y que enrodaran vivos a los sacerdotes de Patras;
Gracias a Mourad, seguido por sus victorias rastreras,
Limpia el buitre su pico con los clavos que quedaban
Sobre la armazón del templo del legendario Teseo;
Gracias a él se veían lobos en la misma Atenas,
Y la zarza recubría con su verdeante túnica
Todos esos viejos lienzos de muros caídos: Salónica,
Didymóticos y Argos, Tiro, Varna y Corinto,
Donde ya no se escuchaba sino el murmullo del eco;
Mourad fue santo; mandó degollar a sus hermanos;
Cuando los dos más pequeños, que buscaban a sus madres,
Huían por todas partes alrededor de la sala,
Les consintió que corrieran antes de hacerlos matar;
Mourad de paseaba con el alfanje en la mano
Por entre la muchedumbre que convidaba a sus fiestas,
Y las cabezas volaban de su sable como pájaros;
Mourad, que arruinó ciudades como Ancira, Delfos y Naxos.

Victor Hugo – “La leyenda de los siglos”

Victor Hugo

*****

CANTO XLVI

1

Si en mi carta se ve lo verdadero,
lejos no estoy de descubrir el puerto
donde cumplir mi voto luego espero,
al que me dio en el mar camino cierto,
donde, o de no tornar mi barco entero
o de errar, traía el rostro muerto.
Mas paréceme ver, y véola cierta,
tierra gentil, y la ribera abierta.

2

Los truenos siento ya del alegría;
retumba el aire, el mar va tremolando;
oigo campanas, trompas y armonía;
del pueblo la confusa voz sonando
siento; y comienzo a ver quién a porfía,
el puerto de placer va así adornando.
¡Oh! cuánto gozo en todos claro veo,
por ver que llego al fin de mi deseo.

Ludovico Ariosto – “Orlando Furioso”

nacio-ludovico-ariosto

 

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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