“en un poema de Jeffers, una mujer se folla un semental porque su marido es mezquino a no poder más” – Charles Bukowski

ENFURÉCETE CON SAN PEDRO

le digo a mi mujer: -Jeffers era
un gran poeta. fíjate en un título
como Enfurécete con el sol, ¿no ves
lo magnífico que es?

-te gusta todo lo negativo -me
contesta.

-desde luego que sí -convengo, me acabo la
copa y me ponga otra-.
en un poema de Jeffers, no el poema del sol,
una mujer se folla un semental porque
su marido es mezquino a no poder más, y es
increíble. luego el marido sale
a matar al semental y el semental
lo mata.

-no he oído hablar nunca de Jeffers -me
dice.

-¿no has oído nunca hablar de Big Sur? Jeffers
hizo famoso Big Sur igual que D.H. Lawrence
hizo famoso Taos, cuando un
gran escritor escribe sobre el lugar
donde vive la multitud va y lo
toma al asalto.

-bueno, tu escribes sobre San Pedro -me
responde.

-sí -dijo-, ¿y has leído la prensa
últimamente? ¡van a construir
un puerto deportivo, uno de los más grandes del
mundo, miles y miles de millones de dólares,
habrá un inmenso centro comercial,
yates y apartamentos por todas partes!

-¡y pensar -salta mi mujer, con una sonrisa- que solo
llevas
tres años viviendo aquí!

-sigo pensando -digo,
cambiando de tema-,
que deberías leer a Jeffers.

*****

JESÚS EN EL PESEBRE

era una madre irlandesa y su hija de
Nueva Jersey.
vivían en el fondo
y miraban desde detrás de las cortinas
y se quedaban con todo lo que ocurría en nuestro edificio
de apartamentos. la chica tenía 28 y la madre
50 y tantos.
no se veían con hombres.
paseaban juntas a mediodía.
cobraban alguna especie de prestación social.

la propiedad del apartamento cambió de
manos
y las hicieron gerentes
por 2 pavos al día.
debía de ser el primer empleo para
cualquiera de las dos.

tenían mi número de teléfono.
las noches se me pusieron difíciles.
sonaba el teléfono:
-¡a ver, hemos oído gritos ahí abajo!
¿están matando a alguien?

-no, no, no pasa nada.
-¡a ver si tenemos un poco de paz en este edificio!

a medida que pasaban las noches llamaron
a la policía varias veces.
los polis venían a la puerta y yo
los despachaba.

las mujeres tenían 2 gatos a los que no
dejaban salir nunca.
los gatos se sentaban junto a la ventana
entumecidos y medio locos mientras las
mujeres veían la programación matinal.

todas las mañanas me despertaban al
arrastrar un cubo enorme de hojalata
por el sendero.
pasaban el rastrillo y barrían y echaban las
hojas, papeles y desperdicios en el cubo
que arrastraban tirando de una cuerda.
luego regaban.

casi todas las noches me
acostaba a las 3 de la madrugada.
ellas se ponían manos a la obra a las
7 de la mañana.

la chica utilizaba una boquilla con
chorro fino y duro y le gustaba
regar las grandes hojas del platanero.
el ruido era insoportable. se creía que
estaba despiojando
la planta.

una noche memorable vino la chica
y con
su madre plantada detrás
dijo:
-¡a ver, hemos oído risotadas! ¡aquí no puede
haber risotadas! ¡son más
de las diez!

los propietarios por fin trasladaron a las mujeres a
otro edificio que tenían a media manzana de
allí y las mujeres se encargaban de los dos apartamentos
por el mismo sueldo de 2 pavos al día.
para mí era mejor tenerlas allá.
no tenía que oír sus quejas:
“¡los propietarios dicen que no se puede arrancar flores!”
“¡no se puede traer carros de la compra a esta propiedad!”
ni leer sus carteles:
“¡hay que romper las cajas antes de tirarlas a la basura!”
“¡no pisen los jardines!”
“¡no aparcar!¡se llamará a la grúa!”
“¡no arranquen flores”
pero lo mejor de todo,
dejó de venir la poli.

tenía que caminar media manzana para
pagar el alquiler.
un 15 de enero aún tenían
un árbol de Navidad de cartón colgado y
una chimenea de cartón con
troncos de cartón
y un pequeño Jesús
de cartón en el pesebre.
la madre había comprado a la hija
una jirafa de peluche de metro y medio.
me quedé allí esperando el
recibo del alquiler.
me lo dieron y entonces la chica me tendió un
papel manchado.

-a algunos no les caemos bien. ¿puede
firmar esta petición? es para los
propietarios.

y con la letra de la chica:
“por la presente estoy de acuerdo en que Lucy y Betty son
buenas personas y hacen un buen trabajo y quiero
que se queden”.

firmé el papel. me dieron las gracias y
me largué.

hubo una sequía en la ciudad
y no se terminaba.
la ciudad restringió el riego
por motivos estéticos.
las mujeres ya no venían a barrer
y regar.
pero andaban ocupadas con el otro sitio
que estaba lleno de botellas, piedras, toda
suerte de basura y desperdicios.
allí vivía una peña salvaje
de juerguistas.

la mayoría no hablaba apenas
inglés y les gustaba
escuchar la música de su
país de origen a un volumen
más que alto
así que las mujeres estaban ocupadas.
mientras tanto, yo ya no tenía que dejar de escribir a
máquina
a las 10 de la noche.
seguía escribiendo tranquilamente mis poemas y
relatos hasta las 3 de la madrugada.

pero una noche volvieron. llamaron
a la puerta. allí estaba la
chica con su madre plantada
detrás.

-a ver, ¿quién a plantado
esas plantitas ahí?

-las ha plantado mi novia.

-bueno, ¡los propietarios dicen
que no se puede hacer eso!

-¿por qué no?

-bueno, ¡tenemos semillas y vamos
a plantar un jardín en primavera!

habían comprado unas cuantas bolsas de semillas el
año anterior, las habían metido en la tierra, habían puesto
unas vallitas de alambre, pero no había salido nada.

-¿van a plantar un jardín?

iba con mi hermano y fumaba uno de esos puros indios
mangalore ganesh.

eran las 7 de la tarde y me esperaba
la primera copa y tenía el primer poema en la
máquina.

-sí, tenemos semillas. estamos esperando
la primavera. así que los propietarios dicen que mientras
tanto no se puede plantar
nada.

-señoras, hagan el favor de decirles a los propietarios que
protegeré todas y cada una de esas plantas hasta la muerte.
no hay más que hablar.

se quedaron mirándome.

-¿qué clase de plantas son? -preguntó la chica.

-qué coño sé yo.

se volvieron y codo con codo se
fueron juntas
a la luz de la luna.

hacía bastante frío para que estuvieran en la
calle, mientras las seguía con la vista se toparon con
un carro de la compra a mitad de la manzana.
lo apartaron de la acera y lo dejaron
junto al bordillo.
luego se fueron hacia el este
juntas
supongo
que a ocuparse de otras responsabilidades.

*****

ARRIBA, ABAJO Y TODO ALREDEDOR

a veces me crispo
me pregunto dónde estoy,
doy un par de traspiés, me siento
perdido.

todos los que conozco parecen
más altos
más inteligentes
más amables
y
naturalmente
no tan
feos.

pero ese estado de ánimo nunca
dura
mucho.

echo un vistazo
alrededor,
un buen vistazo
con los ojos bien abiertos alrededor
y entonces
sé que
no es
así
aunque solo
dure un
rato.

Charles Bukowski – “La noche desquiciada de pasos” Visor Poesía 2015

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Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
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