“pues la vida se impone, ¡la Vida! Es todo su grito…” – Aldous Huxley

LAS  CIGARRAS

Ciego, palpo y respiro; esta noche de pinos
es punzante, resinosa y de áspera corteza.
Y por cada grieta de la palpable oscuridad
se filtra el atezado brillo de esta luna ausente.

Mustio se despliega el cielo frondoso; jamás una brisa
se levanta, ni un pie en todo este suelo dormido;
y hay silencio debajo de los árboles
-el vivo silencio del sonido continuo.

Pues como el inveterado remordimiento, como el estridente
delirio palpitando en el cerebro enfebrecido,
una oculta población de cigarras inunda
la noche con su chillona nota monótona, una y otra vez.

Una y otra vez, ¡cuán insensato entusiasmo!
¡Cuán perseverante furor, hora tras hora!
Llenas de semejante demonio que les niega el descanso,
¡ebrias de semejante fuente de placer y poder!

La vida es su locura, la vida que durante toda la noche
les manda cantar y cantar, y ellas no saben por qué;
causa loca e inconsciente peso de su canción;
pues la vida se impone, ¡la Vida! Es todo su grito…

ALDOUS HUXLEY

*****

….(Citera   Citera)
Con Dirce llevada en una misma barca

Alégrate pobre bestia, el amor te sigue
Hasta que el grillo salte
pero no canta en el campo de maniobras
octavo día de septiembre
f         f
d
g
anotar los pájaros en su calve mayor
¡Terreus!    ¡Terreus!

no hay guerras justas en “Primavera y Otoño”
es decir, perfectamente justas en un lado o en el otro
derecho total en cada lado de la línea de fuego
y las noticias tardan mucho en viajar
mucho tiempo en llegar
a través de la impenetrable
cristalina, indestructible
ignorancia de la localidad
Las noticias eran más rápidas en tiempo de Troya
una lucha en Cnido, una luciérnaga en Mitilene
Hasta cuarenta años después, Reithmuller indignado:
“Bero si en Tdinamarcas azda loz gabesinoz le gonozen”,
quería decir a Whitman, exótico, todavía sospechoso
a cuatro millas de Camden
“Oh reflexión atormentada”
“Oh garganta, oh corazón latiente”

EZRA POUND

*****

LIBRO  IV

Y ahora, ¡venga!,  voy a explicarte el instinto del que dotó a las abejas el propio Júpiter en recompensa por haber alimentado al rey del cielo en la cueva de Dicté, siguiendo los melancólicos sonidos de los Curetes y el retumbar de sus bronces. Ellas son las únicas que tienen los hijos en común , el techo que los cobija en su ciudad también en común y sólo ellas pasan la vida sujetas a altas leyes; sólo ellas reconocen una patria y unos Penates inmutables; pensando en la llegada del invierno, se entregan durante el verano al trabajo y almacenan lo cosechado para uso colectivo. En efecto, hay unas que velan por el sustento y, según la normas establecidas, se mueven, incansables, por el campo; otras, dentro del recinto de las celdas, van poniendo la lágrima de narciso y viscosa goma de la corteza, cimiento primero de los panales, pegando luego cera tenaz; éstas hacen salir las crías ya crecidas, esperanza de la especie, aquéllas condensan purísima miel y colman las celdillas de transparente néctar. Hay unas a las que les cayó en suerte la custodia de las piqueras y, por turno, escudriñan las lluvias y las nubes del cielo, o relevan de su carga a las que llegan, o bien, en escuadrón cerrado, rechazan de las colmenas al perezoso rebaño de los zánganos….

VIRGILIO

*****

VEO EN TU HERMOSO ROSTRO , MI SEÑOR

Veo en tu hermoso rostro, mi señor,
algo que mal se cuenta en esta vida:
el alma, de la carne aún vestida,
ha ascendido por él muchas veces a Dios.
Y si el vulgo malvado, culpable y necio,
lo que siente, en los otros lo mira,
no me es mi intenso afán menos placiente
que el amor, la fe y este honesto deseo.
A la fuente piadosa de la que todos surgen,
se asemeja toda beldad que aquí se ve
más que otra cosa, al entender agudo;
ni otro ejemplo tenemos ni otros frutos
del cielo en esta tierra; así, quien con fe os ama
a Dios asciende y morir le es dulce.

Miguel Ángel Buonarroti

*****

SONETO XXIII

Creí ver a mi santa, difunta esposa, vuelta
A mí desde la tumba, como lo fuera Alcestis,
La que el hijo de Júpiter restituyó a su esposo,
A la muerte arrancada, aunque pálida y débil.

La mía, como lavada tras un alumbramiento,
Purificada estaba según la antigua ley,
Y, tal como otra vez espero contemplarla
Plenamente en el cielo, sin restricción alguna,

Llevaba veste blanca, pura como su espíritu;
Cubría un velo su cara, y aún así, en mi visión
Belleza, amor, bondad resplandecían en ella.

Más deliciosamente que en ningún otro rostro.
Pero, ¡oh!, cuando a abrazarme se inclinó, desperté,
Ella escapó, y el día me devolvió mi noche.

John Milton

Anuncios

Acerca de THOTH

Retorno a las raíces. Vida Pasión y Poder.
Cita | Esta entrada fue publicada en Poesía y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s